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Discurso de inauguración
Alberto Abello

MESAS DE TRABAJO
Fiestas y educación
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FOROS: 
Antecedentes del seminario
Conmemoración de las Fiestas de Independencia
de Cartagena
Presente y futuro de las fiestas populares en Cartagena

Discurso de inauguración - Alberto Abello Vives
Cartagena, la más hermosa ciudad del Caribe colombiano, sigue ostentando varios orgullos nacionales indisputables, entre ellos el de ser una referencia primordial de la historia popular de la región y del patrimonio histórico monumental, el de poseer uno de los mundos multiculturales más vivos y activos de Colombia y el haber sido cuna de episodios notables del progreso nacional y del desarrollo cultural.

Hoy la ciudad muestra sin embargo una serie de problemas preocupantes, inclusive desgarradores: su pobreza, producto de varios factores, ha experimentado uno de los altos crecimientos, al extremo de convertir a Cartagena en una de las ciudades con más cantidad de pobres en Colombia; la ciudad se enfrenta al panorama agudo de una pésima distribución del ingreso, a una grave exclusión social y a la desarticulación de sus sectores y estamentos.

En este panorama, la ciudad ha visto, gradual e implacablemente, empobrecer su espacio natural de cohesión social y de intercambio cultural, las fiestas de independencia, a las que debemos llamar así en honor a su origen histórico, una de las gestas más extraordinarias de la historia nacional.

Para nadie es un secreto que las fiestas afrontan una impresionante crisis de identidad histórica y festiva (en el imaginario popular urbano se les ha despojado de lo que son: una fiesta de independencia, con una gran carga simbólica popular y nacional). Nadie desconoce que las fiestas atraviesan desde hace años una crónica penuria y que han sido reducidas a una condición subalterna frente a otros eventos del noviembre cartagenero. El malestar es general con esta inocultable desapropiación de las fiestas y con la fragmentación de sus espacios y actores.

La crisis de la fiesta es también la crisis de la ciudad: a la depredación de sus mejores virtudes cívicas, al empobrecimiento del universo popular, al extravío de su rumbo, nos encontramos ante un mundo urbano desprovisto de uno de sus más vigorosos referentes de pertenencia colectiva.

El ciudadano cartagenero contemporáneo no se apropia de la fiesta porque ella no responde a sus intereses ni al carácter multiétnico y pluricultural de la sociedad y la cultura locales. Por ejemplo, muchos sectores medios huyen de la ciudad cada noviembre como temiéndole a una peste innombrable. La fiesta se volvió ajena, impersonal y fragmentada, con grandes episodios de desencuentro y violencia, y trocó sus riquezas expresivas por el tristísimo papel de espectadores mediáticos ante realezas y majestades que poco tienen que ver con el sustrato de la fiesta de Independencia, multiclasista, imaginativa, llena de colores, efusiones, intercambios, irreverencias y gozos.

Surgida como el resultado de una manifestación política insurgente, el proceso de independencia, y la participación de los sectores subalternos de la ciudad, las fiestas encarnan la metáfora viva de la independencia nacional y son al mismo tiempo una de las expresiones patrimoniales cruciales de Cartagena. Son el escenario para recoger y dinamizar el sentido de la tradición cultural y los valores históricos y patrióticos que le pueden configurar un nuevo sentido a la vida local.

El mundo festivo local debe ser incorporado en el estudio y la vivencia en los centros de educación de la ciudad. El sector educativo debe tener un papel importante en la recuperación de la memoria festiva y de sus nuevas dinámicas. Algunos colegios y barrios tienen sus propios cabildos y experiencias festivas asociadas a la fiesta, en lo que es un significativo síntoma de la resistencia ciudadana al colapso total de las fiestas.

El arte popular, que incluye muy diversas manifestaciones, es un elemento fundamental de las fiestas.

Las fiestas deben concebirse como una experiencia pedagógica, en la que la ciudad investiga, dialoga, recrea, masifica y dinamiza sus conocimientos, imaginarios y símbolos históricos y culturales, expresiones carnestoléndicas y culturales tradicionales y contemporáneas, desarrolla creatividades individuales y grupales, crea lazos institucionales y colectivos, diversifica el sentido crítico ante las rutinas institucionales y la inercia social, y expone el humor crítico y constructivo y la creatividad como elementos centrales del ethos caribe de la comunidad urbana y el sueño colectivo de ciudad.

La fiesta es, además de un escenario simbólico primordial, un mecanismo de progreso económico, pues implica una movilización económica que irriga recursos, genera negocios en diferentes sectores y clases de la ciudad, proyecta la imagen más humana y humanizante del conglomerado urbano, potencia el turismo y el comercio, y se propone como una posibilidad de desarrollo vinculada a un proyecto de ciudad.

Para que las fiestas sean un evento de ciudad y cumpla con sus funciones culturales, simbólicas e integradoras deben buscar la mayor participación de todos los sectores de la ciudad, incluir mecanismos descentralizadores, indagar y establecer nuevos escenarios, crear intercambios de riquezas y capitales simbólicos entre diferentes estamentos y sectores de la vida social cartagenera y procurar ofertar lo festivo desde todos los sectores públicos y privados.

La fiesta es un escenario ideal para que los medios construyan identidades, memoria y ciudad, y promuevan desarrollo. El relato de los nuevos conocimientos históricos y culturales sobre las fiestas, la revaloración de lo popular en la imagen de la ciudad, el uso de los géneros más diversos y de las nuevas tecnologías pueden producir una reapropiación del mundo popular urbano. De esta manera, el periodismo podría elaborar una de sus mejores agendas para contribuir a reconstruir críticamente el tejido urbano desde los cimientos de la cultura y ofrece una nueva jerarquización de los valores y sentidos de la vida colectiva en la ciudad.

Finalmente, quiero señalar que las 13 entidades que convocan este seminario tienen plena conciencia, primero, de que el proceso de recuperación festivo no ha comenzado con ellas, ni terminará con ellas. Son conscientes igualmente de que en esta actividad de facilitación se pueden cometer errores y que de hecho se cometerán. Pero están convencidas igualmente de estar contribuyendo a crear espacios de reflexión, de crítica y de construcción encaminados a impedir el hundimiento final o la continuación del empobrecimiento de una de las riquezas patrimoniales de Cartagena toda, sus fiestas de independencia.