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13/10/2008
Las Fiestas, un empeño
colectivo
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Las Fiestas de Independencia parecen
tener este año nuevos aires y un renovado entusiasmo, que recoge el
proyecto construido hace años, pero interrumpido en la pasada
Administración distrital, aunque había empezado a erradicar la vieja
costumbre de convertir la celebración novembrina en una sucesión de
festejos desmedidos, con derroche abusivo de alcohol y buscapiés,
echando a la basura los vestigios de la tradición que nos viene
desde las primeras décadas del siglo XIX.
En buena hora, el actual Gobierno local decidió que en las
festividades debe sobresalir la cultura, la historia, el sentido
lúdico e iconoclasta del carnaval, y en cuya organización y
desarrollo participen todos los cartageneros.
Los preludios que se iniciaron el pasado 3 de octubre, con
espectáculo musical y desfile de las participantes en el Reinado de
Independencia –o Reinado Popular, como todo el mundo lo conoce–, son
una excelente estrategia para contagiar del espíritu festivo a los
habitantes de la ciudad, pero de un espíritu alejado del vandálico,
desbarajuste en que se convirtió la época novembrina, que fue
abandonando la condición de farsa irreverente que tenía en sus
inicios la conmemoración de la Independencia de Cartagena, un legado
cultural de cabildos, comparsas, disfraces satíricos y confrontación
irónica de las costumbres discriminadoras y clasistas que se
desplegaban en la sociedad local.
No hay duda que estos preludios, en los que participa mucha gente,
tienen también una connotación integradora, un significativo
propósito de intercambio social equitativo a través de la música y
la danza, con más fuerza y permanencia que las instancias de
organización cívica que se han dejado permear de las dañinas
costumbres politiqueras.
En 2004 se realizó el seminario “Pensar las Fiestas de
Independencia”, en el que participaron 400 miembros de los sectores
educativos, académicos, económicos, políticos, comunitarios,
periodísticos, musical y artísticos, en cuyas conclusiones se
formularon recomendaciones específicas y realistas, para impulsar la
recuperación de las verdaderas fiestas novembrinas, que es también
la recuperación de nuestra identidad cultural y de nuestro legado
histórico.
¡Qué bueno que la Administración distrital decidió acoger algunas de
ellas! Y qué racional empezar por el rescate del nombre original de
estas festividades –Fiestas de Independencia– que había sido
desdibujado sin querer por el Concurso Nacional de Belleza y la
indiferencia de muchos gobiernos. Hoy, el Concurso está comprometido
con la reactivación de la fiesta popular, y esa actitud debería ser
imitada por las empresas del sector privado, en cuyas manos está la
posibilidad de convertir las celebraciones novembrinas, en un evento
de tanta trascendencia e impacto como el Carnaval de Barranquilla.
Los cartageneros tenemos la responsabilidad de participar en este
proceso revitalizador. Al fin y al cabo, se trata de la recuperación
de nuestra propia identidad cultural.
Tomado de www.eluniversal.com.co |
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